Parece ser que sí, es más, numerosos estudios e investigaciones han logrado demostrar que sí, que la felicidad y la salud se hallan estrechamente unidas a la sapiencia y dominio de la meditación. De hecho, existen culturas milenarias que practican la meditación desde tiempo inmemoriales obteniendo beneficios incalculables para mente y cuerpo.
Más de una información e incesantes investigaciones científicas referidas al mundo de la salud, especialmente a las centradas en las aplicaciones y efectos de las terapias alternativas, guiadas por una visión holística (integradora) del ser humano, coinciden. La meditación mejora el estado de salud al ejercer una influencia positiva sobre el sistema inmunitario.
Mucho se ha hablado sobre los beneficios de ésta, la meditación y la calidad de vida de quienes la practican habitualmente. Tanto es el interés al respecto que el objeto generalizado de este tipo de estudios se centra en el sistema nervioso de personas que podríamos llamar expertos en meditación: los monjes tibetanos, por ejemplo, cuyos cerebros, a invitación del propio Dalai Lama, varios científicos han ido a investigar ‘in situ’, en sus propios monasterios.
El mismo Dalai Lama ha dicho que “todos los animales que tienen la sensación de tener un ‘yo’ evitan el sufrimiento y buscan la felicidad en forma natural”. Y también que de entre esos seres, el humano “tiene tantas tecnologías y ciencias gracias a su poder de discernimiento, que utiliza con la motivación de buscar la felicidad y evitar el sufrimiento; y cada vez, a causa de este gran discernimiento, recibe un nuevo suplemento de problemas y sufrimientos”.
La enfermedad es, sin dudas, uno de los sufrimientos más temidos por la humanidad. ¿Pueden las técnicas de meditación librarnos de ella?
¿Y qué es meditar?
“Meditar es el proceso mediante el cual la mente percibe completamente el objeto que tiene en consideración. La meditación es una absorción del pensamiento en un objeto hasta unirse a él”.
En general, nuestra mente se encuentra permanentemente diversificada por incontables pensamientos en constante ebullición. Es como un caballo desbocado, que arrastra violentamente al carro de nuestra vida en todas direcciones, sin que su conductor (uno mismo) pueda fijar el rumbo deseado.
Para poder absorber nuestro pensamiento en el objeto elegido, primero es necesario disciplinar la mente. Enseñarle a quedarse fija en un punto, lo cual consiste en la concentración. La concentración es algo muy difícil para el hombre actual, cuya mente se ve más que nunca diversificada por tantos estímulos externos e internos. Según algunos, la incapacidad de lidiar con todos ellos constituye el inicio de los procesos de estrés.
El objetivo de la meditación no es curar o prevenir enfermedades. Ni los monjes tibetanos ni los miles de meditadores que siguen otras escuelas y tradiciones orientales se proponen eso al sentarse a meditar. El propósito de la meditación es alcanzar la iluminación, la conciencia del Absoluto, para lo cual es necesario acallar las convulsionadas voces de la mente. Esas voces, según las enseñanzas del Buda, son las vibraciones que provocan los innumerables deseos que nos acosan, la mayoría de ellos inconducentes hacia la felicidad verdadera.
Y resulta que en su proceso de meditación estas personas observan en sí mismas muchos beneficios secundarios. Su ansiedad disminuye; su estado de ánimo se vuelve menos turbulento; adquieren otra perspectiva ante los problemas, etc. Para poder sostener la práctica su organismo debe ser disciplinado en varios sentidos: ajustes en la alimentación, técnicas de respiración adecuadas, ejercicios que preparen el cuerpo para sostener determinada postura…
Tipos, modos y maneras
- Meditación libre: aquella en que damos libertad a nuestra mente para que elabore las imágenes o pensamientos que desee. En este tipo de meditación, nos limitamos a observar cómo surgen y cómo pasan y desaparecen, sin aferrarnos a ellos ni permitirles que formen cadenas completas de pensamiento.
- Meditación dirigida: por oposición a la meditación libre, es aquella en la que alguien (cassete, director…) nos conduce a través de una serie de imágenes que debemos provocar en nuestra mente a orden suya y que, luego, continuarán variando libremente una vez las hayamos producido.
-Meditación trascendental: tipo de meditación libre en la cual permitimos las cadenas de pensamiento pero sin implicarnos en ellas ni dejar emitir ningún tipo de señal a las emociones.
- Meditación en solitario: la practicada en privado por una sola persona.
- Meditación en grupo: la practicada por varias personas a un mismo tiempo, meditando todos con el mismo tipo de meditación y sobre el mismo “objeto de meditación” (tema). Normalmente es dirigida.
- Meditación con visualización: aquella en que las imágenes iniciales de la meditación (o la totalidad de ellas), son provocadas voluntariamente por el meditador y no son fruto del capricho espontáneo de la mente. Así, de ese tipo son habitualmente las meditaciones grupales. También lo son las mántricas (en que debemos visualizar el Mantra en forma de imágenes o sílabas constituyentes), las del Yoga de la deidad de la vía Mahayana, las del Arco Iris, la del Espejo, las proyectivas, la de la Cueva, la del Junco, la de la vasija, la de la Escalera del faro, etc.
- Meditación Shamadi: tipo de meditación basada en la observación de ciclos mínimos vitales sin provocación de imágenes. Así, centrados en la respiración, los latidos del corazón, o el entrecejo, es deseable que no aparezcan imágenes ni pensamientos. El meditador va, poco a poco, deteniendo la mente en un “punto de quietud” instaurado entre un pensamiento y otro. Si aparecen imágenes o pensamientos estos son disculpados y se les deja marchar, sin aferrarse a ellos.
- Meditación Vipassana: la meditación en la cual concentramos la mente en un objeto único de meditación para analizarlo (dejando fluir la conciencia) en todos sus aspectos. Ésta es la meditación que Buda utilizó en el momento de su iluminación. Los temas suelen ser abstractos, teniendo por objeto el amor, la compasión, la unidad de las cosas, la transitoriedad, la irrealidad de la esencia independiente de las cosas del mundo o cualquier otro.
- Meditación Zen: la practicada por una escuela de budismo Chan en Japón, basada, entre otras cosas en que los ciclos respiratorios muestran más dilatación en la espiración que en la inhalación. Se practica en grupo, frente a una pared blanca, con los ojos abiertos.